01 octubre 2010

SÍMBOLOS en MISS TRAGEDIA.

Blanco sobre blanco, símbolo de la pureza y renacimiento; negro como muerte. Miss Tragedia arranca con una llamada cabaretera: muerte y vida, caída y resurrección, no son más que una partida, un juego más en la vieja tómbola de los hechos, en la ruleta metafísica de la continuidad. Muerte y vida, una dentro de otra, otra dentro de una. Miss Tragedia muere tres veces y tres veces renace, porque la muerte es el comienzo de una nueva vida o dimensión. Al final una conclusión: el concierto se cierra con un gesto simbólico, el mudra hindú que significa el ciclo vital muerte-vida, el símbolo del infinito o la cinta de Moebius. O lo que es lo mismo, el concierto se cierra, pero se abre otro, aún no escrito ni cantado.

Como es lo suyo, Miss Tragedia no gusta a todo el mundo. Tampoco el jazz, la ópera o el flamenco gusta a todo el mundo. Pero a Miss Tragedia nunca se la olvida. ¿Qué grupos pueden decir eso? Razones innegables son su riqueza melódica y musical, su voz propia, la pasión derramada, lo valiente de su desnudo y las ganas de contar, de contarse, de contarnos. Porque Miss Tragedia parte de su experiencia para mistificarse, y de paso resucitarnos. 
Una experiencia que lee de forma simbólica. Este procedimiento tiene en sí mismo un coraje y lectura añadida. Vivimos un mundo que hemos despoblado de símbolos, nuestra realidad es burocrática, áspera, monocorde. Y, sin embargo, para quien sabe o quiere ver, cada gesto, cada hecho de experiencia, es polisémico, y alude a otra realidad al menos, el no-mundo. Miss Tragedia invita a esa ensoñación, a esa embriaguez de la percepción total, donde la estolidez del mundo cotidiano se funde en el continuum de la experiencia simbólica, artística (porque también es experiencia, es decir, experimental). Hasta la unidad del individuo es una pluralidad de máscaras. Por eso Miss Tragedia, en definitva, no habla de su experiencia, sino de la Experiencia. Pero hace falta dejarse llevar, oh sí, más allá de la coarción de la lógica y el prosaicismo. Hace falta dejarse llevar, oh no, eso no se lo permiten muchos.
Peor para ellos, porque para quienes así lo hacemos tenemos en Los Nacimientos de Miss Tragedia una experiencia única, por muchos conciertos que veamos. Porque ni la música, ni las letras, ni los gestos, ni la mirada, es nunca igual. Todo cambia en el presente. Porque presente, pasado y futuro no existen, sino uno dentro del otro. Y Miss Tragedia dentro de todos.