04 noviembre 2011

GRACIAS, PORVENIR

Ha pasado el I Encuentro de Cantautores "Gracias, porvenir", que organizamos con la colaboración de la Asociación Cultural Canónigos en San Ildefonso. A partir del día siguiente de acabar, el invierno se hizo más duro.



El veterano Juan Antonio Muriel.
Es verdad que fueron días de mucho frío, y las carreteras heladas dieron más de un susto. Sólo algunos intrépidos se aventuraron a llegar a la Casa de Cultura para ver al veterano JUAN ANTONIO MURIEL. El calor no se hizo esperar. Muriel está girando con la presentación de un recopilatorio sobre su longeva carrera, un disco titulado "Caminar". Y demostró su calibre nada más sentarse: la incomparable candidez de su voz, arrulladora, su peculiar forma de tocar la guitarra, donde se nota su gusto por el blues, y en definitiva unas canciones "de artesano", cocinadas a fuego lento, sorprendieron a todos los presentes que no le habían oído con anterioridad. Personalmente le agradecí un tema dedicado, de aquel grandioso disco del 83 que es "Seguir Viviendo", ese disco sin el pudor sentimental ni el barniz de la ironía que da la edad, quizás un tanto ingenuo a años vista, quizás con la ingenuidad que todos tuvimos una vez y que no querríamos haber perdido; pero todos nos quedamos boquiabiertos con la autenticidad de oír en directo canciones como La plaza del atril, Cuánta ironía, No me interesa, etc. Y, por si fuera poco, nos presentó al estupendo Javier Batanero, que aportó su estilo más canalla, y cedió una vez más a la petición del público para que tocara aquel popular tema Princesa. Pero poco puedo aportar a la excelente crónica que Juancho hizo para Histéricas Grabaciones. Gracias, Juan Antonio, por estar ahí, por seguir así. Por darle mucho a unos pocos.


 

Los cantautores son de verdad cuando tienen personalidad, voz propia, algo tan fácil y tan difícil a la vez, y cada persona del público tuvo su concierto preferido. Quien pensó que Muriel había dejado el listón demasiado alto no había escuchado a los músicos del sábado. VIRGINIA RODRIGO , con su espectáculo "Percu-Autora", supo aportar el color de la modernidad al género. Acompañada de un bajista excepcional, Franco Contreras, y arropada por unas letras apuntaladas junto al poeta Álvaro Tato, el Tato más posmoderno (u oulipiano, si se prefiere), Virginia nos presentó un cócktel de fusiones variopintas, demostrando una trayectoria que coletea entre géneros, y que todo estilo es bueno si está bien hecho.
Un momento del concierto de Virginia Rodrigo en La Granja.
El primer bloque de canciones acariciaban un new age intimista y sensorial, donde los platillos y el bajo dibujaron paisajes sonoros originales y la voz hablaba inglés. En el segundo bloque volvíamos a la tierra, de hecho tierra tropical, y el loop y la caja mostraron carácter latino en ritmos que parecían ir de la bossa nova a la cumbia o al fado (quizás esto no sea correcto, tiro de memoria). Y para la parte final Virginia se reservaba la apoteosis de la miscelánea más atrevida, juntando a sus letras reivindicativas (siempre recordaré su Híper Mercadotecnia Sexual o La mujer perfecta) una corporeidad más desafiante, y nos hizo bailar y reírnos, hasta acabar con su particular versión de un reaggetón. Profundidad sin sensiblería, juegos de lenguaje y diversión a manos llenas, aderezado además con una presencia mayúscula de diva de cine clásico pero en technicolor; de esas bellezas extrañas, que a la par son cercanas y distantes. Gracias, Virginia, por tu conciertazo. Por darle mucho a unos pocos. Como aliciente para acercarse a su directo, ver vídeo.



El cantautor leonés Alfonso Salas.
Sin embargo, aún la noche nos deparaba más emociones. Y es que ALFONSO SALAS, si de algo sabe, es de emociones. En un ambiente, una vez más, tremendamente íntimo, Alfonso nos avisó: sus canciones suelen acabar hablando de la muerte. No era verdad. Su repertorio abraza una variedad temática, siempre delicada y profunda. Pero lo más impresionante fue su técnica vocal, una técnica que se olvida a sí misma en la pasión; y unas melodías que llegaban al corazón  para quedarse (podéis curiosear en su myspace). Vi lágrimas entre la gente, de veras, en temas como León en el ombligo o Vértigo al olvido. Y eso que Alfonso, desde que empezó el concierto con Suavemente se mece, trató constantemente de distendir la atmósfera con diálogos y bromas. Nadie sabíamos, porque él es muy humilde, que para la noche en La Oveja Negra (donde se celebró el "fin de fiesta" entre canciones, comida y un lleno absoluto, todo hay que decir) se reservaba un excelente ejercicio de ironía desenmascaradora, alrededor de su tema Desdibujando, sobre la violencia machista. Sin embargo, esto pertenece a las cosas que callaré, a todas esos detalles y sentimientos que acontecieron ese fin de semana en La Granja. Callaré para privilegiar a esos que movieron el culo para les acontecieran también a ellos. Callaré porque hay cosas que se pierden siendo narradas, pero que jamás podré olvidar. Gracias, a ti también, Alfonso, por tu música. Por darle mucho a unos pocos.